ABRAHAM VALLE MERINO · ANDRIU VALLE

TEXTOS Y NOVEDADES

Archivo

Fragmento de “Mi Diario entre dos mundos”

Primer libro de la saga. Prólogo: El comienzo Mi vida parecía normal, pero desde hace un tiempo, todo ha empezado a cambiar. Jamás me vi escribiendo un diario o algo parecido en mi juventud, pero ahora, con casi 41 años, he decidido que no me queda más remedio que escribir lo que está sucediendo. No

Leer

Primer libro de la saga.

Prólogo: El comienzo

Mi vida parecía normal, pero desde hace un tiempo, todo ha empezado a cambiar. Jamás me vi escribiendo un diario o algo parecido en mi juventud, pero ahora, con casi 41 años, he decidido que no me queda más remedio que escribir lo que está sucediendo.

No me iban a creer si se lo contaba a otras personas, así que lo dejaré reflejado en estas letras para que, al menos en el futuro, alguien pueda encontrarle una explicación.

Iba caminando por la calle cuando, de pronto, algo llamó mi atención. Todo parecía estar en calma, no había viento ni nada por el estilo que pudiera ser la causa de lo que vi: un pájaro suspendido en el aire, quieto como una piedra, paralizado en el espacio y en el tiempo.

No daba crédito a lo que estaba viendo. Tuve que restregarme los ojos varias veces, y el pobre animal seguía allí, como si estuviera disecado en el aire.

De pronto, volvió a volar y se alejó en el horizonte.

Me quedé pensando todo el camino de vuelta a casa en qué podía haber sido aquello que había visto. No podía explicárselo a nadie porque me tomarían por loco. Así que decidí guardarlo para mí.

Desde ese momento, empecé a tener otras sensaciones extrañas, cada día algo distinto a mi alrededor. La sensación de tener déjà vu de forma frecuente sobre momentos de mi vida: pasado, presente y futuro, todo se mezclaba ante mí.

Eran como grietas en la percepción de mi mundo, no podría explicarlo de otro modo.

Luego, comenzaron los sueños extraños. Cada vez que me iba a dormir, soñaba con lugares que nunca había visitado, pero todo eran imágenes difusas, difíciles de enfocar. A veces, eran voces llamándome; otras, alguien que intentaba tirar de mí hacia algún lugar, pero, por miedo, supongo, no seguía esos intentos de aquello que me estaba buscando.

Hasta que, una noche, apareció en mis sueños ella…

ESTA ES ÍNDIGO.

Próximamente…

Jaque Mate… Jaque Mate llegará para todos. Pero para ir abriendo boca os dejaré un trocito por aquí para que lo disfrutéis… PRÓLOGO: EL ORIGEN Cádiz, 25 de Julio de 1999. La brisa del mar soplaba con suavidad, acariciando las arenas doradas bajo el sol de la tarde. Tres jóvenes, llenos de vida y sue

Leer

Jaque Mate…

Jaque Mate llegará para todos. Pero para ir abriendo boca os dejaré un trocito por aquí para que lo disfrutéis…

PRÓLOGO: EL ORIGEN

Cádiz, 25 de Julio de 1999.

La brisa del mar soplaba con suavidad, acariciando las arenas doradas bajo el sol de la tarde. Tres jóvenes, llenos de vida y sueños, disfrutaban de un día despreocupado. Acababan de terminar las eliminatorias del Torneo Nacional de Ajedrez en Andalucía. Este año, había tenido lugar en Cádiz, y los tres amigos habían decidido ir a la playa a pasar la tarde para despejarse de una jornada dura, pero fructífera: los tres se habían clasificado para las finales. Lo que debía haber sido una tarde de diversión pronto se tornó en tragedia.

Iñaki era un joven vasco de San Sebastián. Amaba el surf y tenía un futuro prometedor en la arquitectura. Su afición por el ajedrez era algo secundario en su vida, sin hacerlo peor que los demás, pues había ganado muchos premios en este ámbito, por eso se encontraba aquí: después de pasar las rondas previas en su ciudad natal, había conseguido llegar hasta las Nacionales.

Paco era gaditano, nacido y criado en la misma playa donde ahora se encontraba. Su pasión era la música flamenca, y soñaba con ser guitarrista profesional. Su carácter jovial y su talento natural con la guitarra le habían ganado muchos amigos. Ya conocía a Iñaki de otros torneos y estaba muy feliz de reencontrarse con él en las Nacionales.

El último de los chicos era Rachid, de padre marroquí y madre española. Vivía en Málaga. Su padre lo había abandonado cuando él sólo tenía 10 años. Desde entonces, vivía con su madre y su hermana pequeña, Amina. Estudiaba ingeniería y trabajaba en la tienda que había montado su madre en el barrio, ayudándola en todo lo que podía. Las tardes que pasaba en la tienda, cuando no había nadie, se entretenía jugando consigo mismo al ajedrez o en algún programa de ordenador.

Su amor por el ajedrez era lo único que le quedaba de recuerdo de su padre: los momentos que compartían jugando a este juego. Ahora, le servía para llevar dinero extra a casa si ganaba en los torneos, y por ahora le iba muy bien. Él conocía a Paco de competiciones anteriores, pero con Iñaki no había coincidido hasta este instante. Desde el minuto uno que se conocieron se entendieron a la perfección y se hicieron amigos.

Los tres jóvenes estaban en la playa, sentados a la orilla del mar, charlando de sus cosas, de cómo había ido la mañana y de alguna chica que habían visto allí y que les gustaba a los tres, hasta que, en un espigón cercano, algo les llamó la atención.

Eran cerca de las siete de la tarde. La luz del sol se reflejaba en el agua, dando como resultado una estampa muy hermosa de la arena de Cádiz. Iñaki fue a mirar el primero y llamó rápido a sus amigos para que se acercaran a las rocas.

De allí sacaron tres especies de sacos o fardos muy prensados. Nada más verlos, a Paco le cambió el semblante: se puso blanco como la nieve y les gritó a sus dos amigos que soltaran los paquetes, y que tenían que irse de allí inmediatamente, pero no dio tiempo… Las luces de varios coches Todoterreno se acercaban a toda velocidad por la arena…

El nacimiento de la saga Mi diario…

Mi diario: entre dos mundos… El nacimiento de una saga — Mi Diario entre dos mundos…y su continuación. Todo comenzó con una frase inesperada en casa: —Papá, tú solo escribes para adultos. Por eso no leemos tus libros. Tenían razón. Mis hijos, de 11, 13 y 16 años por aquel entonces, me desafiaron sin

Leer

Mi diario: entre dos mundos…

El nacimiento de una saga — Mi Diario entre dos mundos…y su continuación.

Todo comenzó con una frase inesperada en casa:

—Papá, tú solo escribes para adultos. Por eso no leemos tus libros.

Tenían razón. Mis hijos, de 11, 13 y 16 años por aquel entonces, me desafiaron sin saberlo. No con mala intención, sino con una sinceridad que desarma. Me propusieron que escribiera algo para ellos: algo que pudieran leer con gusto, que les resultara fácil, cercano, emocionante. No tardé en aceptar el reto.

Pensé: ¿Cómo conectar con un lector joven en esta época de inmediatez, distracción y velocidad? La respuesta me vino de lejos, de mi propia adolescencia. De aquellos tiempos en los que escribíamos en un diario lo que sentíamos, lo que vivíamos, lo que no nos atrevíamos a contar en voz alta. Así nació Mi Diario entre dos mundos.

Elegí el formato de diario no solo por nostalgia, sino porque me permitía construir una narrativa rápida, directa y sincera. Cada capítulo no supera una o dos páginas. No hay descripciones eternas ni explicaciones innecesarias. Quería que la historia se leyera con la misma rapidez con la que se desliza un dedo en la pantalla de un móvil. Que atrapara. Que obligara a seguir leyendo. Que no diera tiempo a desconectar.

La trilogía está pensada así: tres libros cortos —112, 113 y 132 páginas aproximadamente— que en conjunto forman una novela completa de más de 300. Acción, amor, drama, peligro… todo sucede a ritmo de vértigo. Si te detienes, sientes que te pierdes algo importante. Como si dejaras de ver una escena clave en una película que no espera a nadie.

La trama nació de un sueño. Literalmente. Soñé con un mundo diferente, y al despertar comencé a construirlo. Le di forma. Le puse nombre. Al protagonista lo llamé Andriu, como me conocían en mis años de músico. A ella, Índigo, porque ese nombre me suena moderno, misterioso y poderoso. Me parecía perfecto para una historia que pretendía ser emocionalmente intensa, pero abierta a la imaginación.

No describo cada rincón, cada paisaje o cada detalle visual. Prefiero dejar huecos. Dar pinceladas. Confío en el lector —en especial en el joven lector— para que imagine su propio mundo. Para que no se le dé todo mascado. Para que vuelva a pensar, a visualizar, a completar lo que falta con su mente y su corazón.

Y ese, al final, era mi propósito oculto: que los chicos no solo leyeran, sino que vivieran. Que imaginaran, razonaran, se preguntaran qué harían ellos en situaciones límite. Que sintieran amor, rabia, miedo, deseo, duda. Que exploraran dentro de sí mismos a través de las decisiones de los personajes. Que volvieran, aunque fuera por unas páginas, a ese lugar donde aún es posible descubrir quiénes somos en medio de mundos imposibles.

Así empezó Mi Diario entre dos mundos.
Con una conversación sencilla en casa, un sueño extraño… y una promesa de escribir para ellos.

Y quizá, también para ti…